Aquí, como cada domingo. Nunca sé donde subes ni a donde vas, Pero sé porqué estás aquí. Sé para quién.
Fue el azar, de aquella noche tibia, que me trajo aquí. El desgano y el calor amodorraron el vaivén de mi imaginación y una mezcla de curiosidad, magia y esperanza abrieron mis ojos para ver. Tu no lo sabes, pero desde aquel día he sido tu más fiel cómplice.
Nunca sé donde subes ni a donde vas porque donde bajas no es tu destino, sólo es donde quieres bajar. Sabe Dios desde hace cuánto tiempo subes a verla en este viaje eterno! ¿Alguna vez habrás oído su voz o es algo tan etéreo como se percibe? Casi puedo imaginar los códigos inventados; los mensajes, las palabras que no llegaron a salir de tu boca pero que llegaron a inquietar su mente, su vida.
¿En qué momento tu presencia se volvió tan indispensable? ¿En cuál de sus pocos o muchos viajes en esta línea, te convertiste en su todo? ¿Cómo es que ningún viajero puede sentir toda esa energía que desprenden? Sólo hay un par de cristales entre tú y ella. Siempre los últimos dos vagones. Siempre el mismo color de pañuelo. ¿Es que nadie siente el calor de esas miradas? ¿La presencia absoluta, inmensa, total de este tórrido romance que envuelve todo el viaje? ¿La angustia de tus ojos y los de ella por algo que supongo, es imposible? Podría jurar que ahora mismo, con el teléfono en las manos están hablando entre ustedes.
¿Sabes? Quisiera contarte que aquel día, por azar, en un adormecimiento llegué hasta la última estación y vi cómo le dabas en la mano un pequeño papel arrugado al bajar. ¿Qué excusas darás para bajar ahí? Ni una mirada; nada que te hiciera perder el control ¿Es esa la única manera como se comunican? Se que tienes otra historia. He visto una alianza en tu dedo y hace unas semanas también vi una en la mano de ella. Me pregunto qué excusas darás para bajar en la última estación! Porque no es ahí donde debes ir, es ahí donde quieres ir.
Necesito creer que al escribir este relato un sueño se hace realidad. Lo que jamás sabré es si es mi sueño o el de sus protagonistas. Y si algún día lees esto bella mujer morena, créeme; mas que relator de esta historia, soy un cómplice incondicional y éste es sólo un capitulo de tu propia historia y la de ella.
Per compartir aquest relat copia i enganxa aquest link en un missatge instantani o correu electrònic.